dimarts, 11 d’octubre del 2016

La industria agroalimentaria produce hambre, no alimentos



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Por Expediente JoanFliZ
http://joanfliz.blogspot.com.es/2008/05/la-industria-agroalimentaria-produce.html
En los mercados internacionales se está jugando con los alimentos como el maíz, la soya, el trigo, y el café, disfrazando de escasez, –por alta demanda o baja producción– su acaparamiento para subir los precios. Goldman Sachs entre otros, aparece como el principal responsable.
Hace algunos años, los precios mundiales de los alimentos se dispararon. El número de personas viviendo en la extrema pobreza alcanzó los 150 millones. La ONU encargó una investigación sobre las causas de esta crisis alimentaria. La conclusión del informe es estremecedora: potentes especuladores internacionales provocaron una enorme burbuja en el mercado mundial de alimentos que derivó en una crisis alimentaria.
Al parecer, siempre ha sido lo usual, que cuando desaparece un producto en los anaqueles de los supermercados, el pueblo de a pie ya sabe, que aparecerá después con un precio mucho más alto. En las llamadas crisis financieras, han entrado en escena nuevos actores, “los especuladores” con máscaras de inversionistas, ofrecen estabilizar el mercado y sus riesgos de pérdidas.

Bajo el concepto, en términos propios de la ciencia económica, de “derivados financieros” (en palabras simples, “derivado financiero” es un instrumento cuyo valor depende del precio de un bien subyacente, en este caso los alimentos o materias primas para su elaboración) y como la humanidad y la animalidad cautiva (mascotas) siempre necesitaran comida, ¡¡¡mejor inversión imposible!!! la escena económica de los negociados en las Bolsas de Comercio, como Wall Street, se llena de aplausos… además porque los especuladores proporcionaran liquidez al mercado. Y como las crisis financieras se han hecho permanentes, nuestros alimentos cotidianos, tienen el valor seguro de un “cheque de gerencia”.
Mientras en el mundo empresas como Walmart se ha convertido en gigante de los comestibles, sus “compinches”, las poderosas empresas monopólicas de fabricación de alimentos como Monsanto, Cargill o Tyson Food, controlan la industria del embalaje de la carne de vacuno y cerdo, el procesamiento de la soya y de los pollos de engorde, entre otros productos. ..

A las cadenas de negocios y almacenes distribuidores de las empresas que monopolizan la industria de los alimentos, se han sumado los productores y finalmente estos inversionistas, que no producen ni distribuyen, se apropian de la producción alimentaria, transformándose en los dueños de nuestra comida, especulan en las bolsas de comercio, creando burbujas y rumores para obtener la máxima ganancia con las materias primas y alimentos procesados.
Visible y comprobable: Los productos de Nestlé, Kraft y PepsiCo y otros, se exhiben en las estanterías de los supermercados en gran variedad de categorías de alimentos, repartidos en una decena de marcas diferentes, para un mismo producto, “es la falsa competencia “.
Ésta estratagema, propia del realismo mágico, es solo para engañar al consumidor, haciéndole creer, mediante el uso de esta “marramucia” de mercadeo, que tiene múltiples opciones para adquirir el producto que necesita.
En las campañas y protestas mundiales por nuestra soberanía alimentaria, también se señala a Monsanto y sus compañías asociadas, con la recomendación “Evitar comprar” por la dañina presencia en la producción agrícola de especies transgénicas, sinónimo de contaminación, enfermedades y muerte a toda la vida del ecosistema planetario.
He aquí algunas de las más poderosas empresas de alimentos, señaladas:

Aunt Jemima, Aurora Foods, Banquet, Best Foods, Betty Crocker, Bisquick, Cadbury, Campbell’s, Capri Sun, Carnation, Chef Boyardee, Coca-Cola, ConAgra Foods, Delicious Brands cookies, D uncan Hines, Famous Amos, Flowers Industries, Frito Lay, General Mills, Green Giant, Healthy Choice, Heinz, Hellmann’s, Hershey, Holsum, Hormel, Hungry Jack, Hunt’s, Interstate Bakeries, Jiffy, KC, Masterpiece, Keebler, Kellogg’s, Kid Cuisine, Knorr, Kool-Aid, Kraft, Lean Cuisine, Lipton, Loma Linda Foods, Marie Callender’s, Minute Maid, MorningStar Farms, Mrs. Butterworth’s, Nabisco, Nature Valley, Nestlé, Ocean Spray, Ore-Ida, Orville Redenbacher’s, Pepperidge Farm, Pepsi, Philip Morris, Pillsbury, Pop Secret, Post cereals, PowerBar brand, Prego, Pringles, Procter & Gamble, Quaker, Ragú, Rice-A-Roni & Pasta Roni, Schweppes, Weight Watchers Smart Ones, Stouffer’s, Tombstone frozen pizza, Totino’s, Uncle Ben’s, Unilever, V8,etc. En Venezuela, se destacan Empresas Polar, PepsiCo Alimentos S.C.A., Cargill de Venezuela , Procter & Gamble y Coca Cola. Otras productoras de alimentos están agrupadas en CAVIDEA Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos: Alfonzo Rivas & Cía, Alimentos Heinz, C.A., Bimbo de Venezuela, C.A.,Del Monte Andina, C.A.Industria Láctea Venezolana, C.A. (Indulac) , Nestlé Venezuela, C.A., Ovomar, C.A., Pastas Capri, C.A., Pepsicola Venezuela, S.A., Plumrose Latinoamericana, C.A.,etc ,,,,,,
la mayoría de ellas, no todas, justifican su ninguna o baja producción por la falta de divisas para importar las materias primas, no obstante cuando las han obtenido, les han dedo otro uso.
Luego están las empresas, dueñas indiscutibles de la comida llamada “chatarra” y sus franquicias repartidas por el mundo:
McDonald’s , Wendy’s , KFC- Kentucky Fried Chicken , Tony Roma’s Venezuela, Subway , Pizza Hut, Papa John’s Pizza, Starbucks Corporation , Friday’s , Dunkin’ Donuts , Domino’s Pizza , Burger King.etc.

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La nefasta compañia Cargill
GREG PAGE:
Tiene 59 años y jamás concede entrevistas. Seguramente, su nombre y el de su empresa no le digan nada. Pero por sus manos pasa la mayoría de los alimentos que usted pueda imaginar. Cargill es una de las cuatro compañías que controlan el 70 por ciento del comercio mundial de comida. Mientras el mundo se enfrenta a la mayor crisis alimentaria en décadas, ellos hacen caja ‘leyendo los mercados’… Así funciona.
Usted no lo sabe, pero la tostada de su desayuno es una mercancía más valiosa que el petróleo. La harina con la que está hecha tiene nombre: Cargill. ¿Le suena? Pues también se llaman Cargill la grasa de la mantequilla que unta su tostada y la glucosa de la mermelada que la endulza. Cargill es el pienso que engordó a la vaca lechera y a la gallina que puso los huevos que se fríen en la sartén. Cargill es el grano de café y la semilla de cacao; la fibra de las galletas y la bebida de soja. ¿El endulzante del refresco, la carne de la hamburguesa, la sémola de los fideos? Cargill. Y el maíz de los nachos, el girasol del aceite, el fosfato de los fertilizantes… ¿Y qué me dice del biocombustible de su coche, ese almidón que las petroleras han refinado para convertirlo en etanol y mezclarlo con gasolina? Adivine.
No, no busque marca o etiquetas; no las encontrará.Cargill ha pasado de puntillas por la historia. ¿Cómo puede ser que una empresa fundada en 1865, con 131.000 empleados repartidos en 67 países, con unas ventas anuales de 120.000 millones de dólares que cuadruplican la facturación de Coca-Cola y quintuplican la de McDonald’s, sea tan desconocida?
¿Cómo se explica que una compañía tan gigantesca que sus cuentas superan la economía de Kuwait, Perú y otros 80 países haya pasado tan inadvertida hasta ahora?
En parte, porque es una empresa familiar. Sí, sus números pasman, pero Cargill no cotiza en Bolsa y no tiene que dar explicaciones. Sus socios son un enjambre de tataranietos de los fundadores, los hermanos William y Samuel Cargill, campesinos de Iowa que levantaron un imperio en el siglo XIX gracias a un ascensor de cereal arrimado a la vía del tren en un pueblecito de la pradera que no venía en los mapas. Más tarde, un cuñado -John MacMillan- tomaría las riendas.
Durante décadas, los Cargill y los MacMillan fueron añadiendo silos de grano, molinos harineros, minas de sal, mataderos y una flota de barcos mercantes. Hoy, unos 80 descendientes se reparten los dividendos y juegan al golf. Poco más se sabe de ellos, salvo que los varones visten falda escocesa en las fiestas para honrar a sus antepasados. Y que siete se sientan en el consejo de administración y están en la lista Forbes de los más ricos del planeta, con fortunas que rondan los 7000 millones por cabeza. El presidente de la compañía es Greg Page, un tipo flemático al que le gusta decir, con cierta sorna, que Cargill se dedica «a la comercialización de la fotosíntesis».
Pero no está el patio para bromas. Los precios de losalimentos básicos se han disparado en el último año: el trigo, un 84 por ciento; el maíz, un 63, y el arroz, casi un diez; los tres cereales que dan de comer a la humanidad. Son máximos históricos, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Por encima de los que en 2008 causaron revueltas en 40 países y condenaron a la hambruna a 130 millones de personas.
Y los precios seguirán subiendo, pronosticaFinancial Times. «El coste de los cereales es crítico para la seguridad alimentaria porque es la materia prima de referencia en los países pobres. Si los precios continúan elevándose, habrá más algaradas.»
Las razones son múltiples. Un cóctel de sequías, malascosechas y especulación. Pero los ganadores son muy pocos. Y entre ellos están las mastodónticas empresas que controlan el comercio mundial de cereales. Cargill ha triplicado sus beneficios en el último semestre y sus ganancias superarán los 4000 millones de dólares, récord alcanzado en 2008 en el río revuelto de la crisis alimentaria. La compañía apostó a que la sequía en Rusia, uno de los grandes productores mundiales, obligaría a Vladimir Putin a prohibir las exportaciones para asegurar el consumo interno. Y acertó. «Hicimos un buen trabajo ‘leyendo los mercados’ y reaccionamos con rapidez», explicó una portavoz de Cargill.
¿En qué consiste esa reacción? En esencia, se trata de jugar al Monopoly comprando cosechas en el mercado de futuros, en ocasiones antes de que se plante una sola semilla. Y moviéndolas de un lugar a otro del planeta, allá donde resulte más rentable.

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La industria alimentaria global NO está organizada para alimentar a las personas, está organizada para generar beneficios y sobre todo poder.
En el mundo multiples estudios han demostrado que NO existe falta de alimentos.
Este año, los beneficios del agronegocio aumentan vigorosamente sobre los niveles del año pasado, mientras gente de Haití a Egipto a Senegal… sale a las calles a protestar contra el aumento del precio de los alimentos.
Estas cifras nos dicen que esta pasando, y cubre SOLO TRES MESES al inicio de 2008:
Comercio de granos
Archer Danield Midland – Aumento bruto de ganancias de un 55% desde el año pasado.
Cargill: Aumento: un 86%.
Bunge: Aumento: 189%
Semillas y herbicidas
Monsanto: Aumento: un 54%.
Dupont Agriculture and Nutrition: Aumento: un 21%.
Fertilizantes
Potash Corporation. Aumento: 185,9 %
Mosaic: Aumento más de un 1.200%¡¡¡
Las compañías mencionadas, más unas pocas más, son los monopolios o casi-monopolios que compran y venden productos agrícolas en todo el mundo.
Seis compañías controlan un 85% del comercio mundial en granos;
Tres controlan un 83% del cacao.
Tres controlan un 80% del comercio de plátanos (ADM, Cargill y Bunge)
Por ejemplo controlan la mayor parte del MAIZ del mundo, lo que significa que sólo ellos deciden qué parte de la cosecha de cada año va a la producción de etanol, edulcorantes, alimento para animales o alimentos para seres humanos.
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Editores expertos de Hungry for Profit:
“El enorme poder ejercido por las mayores corporaciones del agronegocio y los alimentos les permite controlar esencialmente el coste de sus materias primas compradas de agricultores mientras al mismo tiempo mantienen los precios de los alimentos al público en general a niveles suficientemente elevados para garantizar grandes beneficios.”
Durante las últimas tres décadas, las compañías transnacionales del agronegocio han ingeniado una masiva reestructuración de la agricultura global:
Directamente, a través de su propio poder en el mercado e indirectamente mediante gobiernos y el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial de Comercio, han cambiado el modo como se cultivan los alimentos y como son distribuidos por el mundo.
Los cambios han tenido efectos espectaculares para sus beneficios, mientras simultáneamente empeoran la alimentacion mundial y hacen inevitables las crisis alimentarias.
La actual crisis alimentaria no es un hecho aislado: es una manifestación de una crisis agrícola que se ha estado desarrollando durante décadas.
Durante las últimas tres décadas las compañias del norte han obligado a los países pobres a abrir sus mercados, luego han inundado esos mercados con alimentos subvencionados, con resultados devastadores para la agricultura local del Tercer Mundo.
Antes producian alimentos para comer primeramente ellos mismos y lo que sobraba era lo que se exportaba.
Pero los países del sur fueron presionados para que adoptaran políticas agrícolas que promueven cultivos de exportación en lugar de alimentos para el consumo interior, y que favorecen a la agricultura industrial de gran escala que requiere monocultivos, un uso intensivo de agua, y cantidades masivas de fertilizantes y pesticidas, maquinaria, petroleo.. ..
Con la consecuente contaminacion de la tierra, aguas subterraneas , rios y alimentos.
Esta agricultura , en que los productos viajan cada vez mas , es por otro lado completamente irracional. La concentración en la agricultura de exportación ha producido el absurdo y trágico resultado de que millones de personas mueren de hambre en países que exportan alimentos.
En India, por ejemplo, más de un quinto de la población sufre de hambre crónica y un 48% de los niños están desnutridos. No obstante, India exportó arroz por cerca de 2000 millones de dolares.
En otros paises tierras cultivadas que solian ser utilizadas para alimentos destinados al consumo interior ahora cultivan productos de lujo para el norte:
Colombia, donde un 13% de la población está desnutrida, produce y exporta un 62% de todas las flores de regalo vendidas en EE.UU. (sin mucho olor y por supuesto contaminadas)
En muchos casos, el resultado del cambio a cultivos de exportación sería risible si no fuera tan dañino. Kenia era autosuficiente en alimentos hasta hace unos 25 años.
En la actualidad importa un 80% de sus alimentos – y un 80% de sus exportaciones son otros productos agrícolas.
El cambio a la agricultura industrial ha llevado a millones de personas a dejar el campo a favor del desempleo y la pobreza que llena los inmensos barrios bajos que ahora rodean muchas de las ciudades del mundo.
Los que mejor conocen el campo fueron separados de éste; Sus semillas y razas autoctonas seleccionadas desde sus bisabuelos , que requerian menos agua , fertilizantes y pesticidas -mucho mas resistentes a las plagas- desaparecieron y …se perdieron.
Cientos de millones de personas deben depender ahora de alimentos que son cultivados a miles de kilómetros de distancia porque su agricultura nacional ha sido transformada para cumplir con las necesidades de las corporaciones del agronegocio.
Como han mostrado los últimos meses, todo el sistema es frágil: La decisión de India de evitar exportaciones para aumentar sus existencias de arroz hizo que los alimentos fueran inasequibles para millones a medio mundo de distancia.
Si el propósito de la agricultura fuera alimentar a la gente, los cambios en la agricultura global en los últimos 30 años no tienen ningun sentido.
La agricultura industrial en el Tercer Mundo ha producido crecientes cantidades de alimentos, pero al coste de llevar a millones a abandonar el campo por vidas miserables en las ciudades – y al coste de envenenar el aire y el agua, la tierra y de agotar los suelos que necesitan cada vez mas insumos para producir los mismo alimentos.
Contrariamente a las afirmaciones del agronegocio – y toda la propaganda que las acompaña- la última investigación agrícola, incluyendo más de una década de experiencias concretas por ejemplo en Cuba, Francia … prueba que granjas pequeñas y medianas utilizando métodos agroecológicos sustentables, son MUCHO MAS productivas y enormemente menos dañinas para el medio ambiente que inmensas haciendas industriales.
Ademas con una variedad mucho mayor. Y esto se cumple en practicamente todas las granjas medias del mundo.
La agricultura industrial continúa, no porque sea más productiva, sino porque ha podido, hasta ahora, ofrecer productos uniformes en cantidades predecibles, desarrollados específicamente para resistir los brutales viajes que tienen que soportar y con costes bajos del petroleo.
Las patentes sobre semillas y los trasgenicos: ver video
EL MONOPOLIO DE GRANOS:

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Fíjense, en el caso del grano: trigo, maíz, avena, soja, etc. Hay fuentes que hablan de tres multinacionales que controlan el 90% de su comercialización mundial, otras hablan de cuatro multinacionales con el control del 70%. Pero no hay dudas en asegurar quien es de estos mamuts el más poderoso: Cargill, que con una facturación superior a 107.000 millones de dólares[1] (y unos beneficios de 2.690 millones, suficientes para garantizar la educación de todas las niñas y niños del mundo) alcanza casi la mitad del negocio de alimentar al mundo. Si una sóla empresa tiene este control: compra, almacena (acapara) y vende grano por todo el mundo, cuando veamos los vaivenes en los precios de los alimentos, sabremos a quién señalar y entenderemos el porqué de las crisis alimentarias que dejan a millones de personas sin capacidad para comprar alimentos.
Porque Cargill, además de amos del pastel, aprendieron hace ya unos años que había otra forma de ganar dinero con la comida, sin construir ni un solo silo, ni comprar barcazas o molinos. Dos divisiones de Cargill se dedican al afanoso negocio de especular con las pastillas amarillas antes de que lleguen a nuestras bocas.
Se contratan cosechas que ni tan siquiera se sembrarán y –hagan juego señores y señoras- empieza la especulación con el hambre de los demás. Por cierto, gracias a la avidez de Goldmann Sachs, que también aquí menea su cola de tiburón, desaparecieron en los años 90 las prohibiciones, y así la especulación alimentaria ganó en ‘participación democrática’. Desde entonces, fondos de inversión y fondos de pensiones (como el suyo o el mío) también participan de este negocio. Y la burbuja es cada vez más grande, y sus ventosidades más peligrosas.
CARNE:
Donde casi todo está bajo el control de una megagranja, Smithfield (Campofrio en España), de capital estadounidense pero presente en medio mundo; y en el otro también. Hamburguesas preelaboradas, salchichas precocinadas y beneficios preestablecidos. Aunque su especialización y receta más reconocida ha sido el ‘cerdo deslocalizado’. Sus granjas de cientos de miles de cerdos confinados son complicadas de manejar sanitaria y ecológicamente, y más sencillo resulta llevarlas a países terceros donde las condiciones exigidas suelen pasar desapercibidas, como en México, donde se inició el brote de la gripe porcina que derivó en Gripe A, contra las que las ilusionistas corporaciones farmacéuticas nos vendieron, por cierto, pastillas de color farsante.
PESCADO:
En España, gracias a muchas aportaciones públicas tenemos uno de los gigantes, el capitán Pescanova, con pocos reparos para hacerse con la pesca de ajenos y de nuestros descendientes. Un planeta con el mar vacio; y los mares rellenos de jaulas con la pesca engordada, troceada y lista para la exportación –del Sur al Norte- es el bocadito con el que sueña esta empresa. Merluzas de Namibia, panga criado en Mozambique, salmones en Chile son finalmente miles de expescadores, con la soberanía alimentaria saqueada, en cayucos buscando otro lugar donde sobrevivir.
PRODUCTOS LACTEOS:
Como dice la canción, «se repite la historia, sólo cambia el actor». Lactalis actualmente es el líder europeo en el sector lácteo y tiene gran afán en acaparar todo lo relacionado con el sector. Sin saberlo es casi seguro que estemos consumiendo sus productos (la lista es muy larga:
President, Flor de Esgueva, El Ventero, PULEVA, Chufi, Nesquik, La Lechera o Helados Nestlé).
Y lo grave de esto es que no tan sólo nos está limitando nuestra libertad de consumir otro tipo de productos lácteos sino que, además, es quien peor paga y trata a los ganaderos y ganaderas cosa que, como se sabe, conlleva a la desaparición de las y los más pequeños y con granjas más sostenibles. Sólo resisten los holding lecheros donde la leche no se considera un alimento sino un bien para negociar, especular e invertir el capital. Y siguiendo con el cuento [que no es mentira pues es verdad] aparecen nuevos personajes que, también, son grandes depredadores: los que proveen de recursos para producir las pastillitas de una manera determinada y dirigida, y los que tienen el poder de distribuirlas en el mercado.
El gran proveedor de productos para la agricultura es Monsanto. Una multinacional norteamericana que se dedica sin escrúpulos a forrarse principalmente con la producción de herbicidas y de semillas genéticamente modificadas. Tan sólo en el año 2010 obtuvo unos beneficios de 1.109 millones de dólares (795 millones de euros)[2]. Sabemos de su saciedad sin límites para tener la propiedad de las semillas, para usar todo su poder económico y político para inundar y contaminar los campos con sus semillas transgénicas. Sabemos de sus productos altamente tóxicos que están provocando auténticos desastres medioambientales y humanos (su agente naranja usado en la guerra de Vietnam como arma de destrucción masiva o su producto herbicida estrella Roundup, son un ejemplo). Pero no imaginamos su sed de poder, que disfrazan de buena voluntad con el mensaje de empresa comprometida en erradicar el hambre en el mundo.
Recientemente y para que no se le escape el control de ninguna pastilla verde ha comprado la empresa SEMINIS (líder mundial en el desarrollo, producción y comercialización de semillas de hortalizas híbridas en el mundo). Incluso se atreve a vestirse de defensor de la biodiversidad financiando (junto con Fundaciones como la Rockefeller, Bill Gates o Syngenta) la construcción, en el Ártico Noruego, de una bóveda con muestras de semillas para proteger las cosechas de una posible extinción causada por contaminación, los desastres naturales o el cambio climático. ¿Será otra estrategia de estas oscuras empresas para hacerse con todo el poder de las semillas tradicionales? Será que sí.
Este tridente Monsanto-Fundación Rockefeller-Fundación Melinda-Bill Gates, mira por donde, es el mismo que están promoviendo y financiando una nueva revolución verde en África (AGRA) donde machacones repiten que para erradicar el hambre es necesario producir más alimentos. Pero eso sí, para que esta gente tan filantrópica financie estos programas se deben de usar las semillas y pesticidas de Monsanto. Pura hipocresía para hacer negocio a costa de la miseria de los otros.
Y decíamos, ¿cómo nos llegan estas pastillas de colores a casa? De eso se encargan las grandes superficies como Carrefour, Alcampo, Eroski o Mercadona que, en los últimos años, se ha convertido en la empresa líder en supermercados en España y una de las más valoradas porque, según anuncian, compra directamente en origen. Para ello disponen de una red de Interproveedores (que también fabrican sus marcas blancas). Para cumplir con las condiciones impuestas por Mercadona, estos Interproveedores, muchas veces deben hacer frente a grandes inversiones que se cubren con sociedades de capital de riesgo, creadas por la familia Roig –propietario de Mercadona- como Angels Capital y Atitlán Alpha. Los volúmenes y costos que exige Mercadona obligan a modelos de producción insostenible. Como el caso de la conservera Jealsa (Rianxeira) que le abastece de más de 33 millones de latas de sardinas[3] procedentes del Sahara Occidental ocupado, para colmar las estanterías con su marca blanca Hacendado.

Es el momento de exigir a Mercadona que no se lucre a partir de los recursos pesqueros que Marruecos está robando al pueblo saharaui. Vender robado es robar, es decir, otra manera de vulnerar la soberanía alimentaria de un pueblo: esquilmar sus recursos sin dejar beneficio alguno. Recientemente hemos visto publicado el cuestionamiento grave que informes solicitados por el Parlamento Europeo hacen del Acuerdo Pesquero de la UE con Marruecos (por ello las flotas pesqueras españolas pueden operar en territorios ocupados por el reino halauita). En ellos se advierte que de toda esta negociación comercial no hay ninguna garantía de beneficios para pueblo saharaui.
Vender robado es robar, es decir, otra manera de vulnerar la soberanía alimentaria de un pueblo: esquilmar sus recursos sin dejar beneficio alguno.
Una gran parte de las empresas que monopolizan la producción y distribución de los sectores alimentarios han sido muy ágiles para hacerse con este sector en expansión: el mercado de la alimentación fuera del hogar que moviliza unos 30.000 millones[4] de euros anuales, abarcando a tanto la restauración comercial (restaurantes, take-away, restaurantes en ruta,..) como la restauración colectiva (comida en hospitales, escuelas, servicios públicos, comedores de empresas,…). Sin prejuicios ni manías, han creado un club de élite, al que han puesto el nombre de Grupo Greco, formado por 19 empresas líderes en el mercado de alimentación:
Bel Foodservice, Bonduelle Food Service, Calvo Distribución, Campofrío, Corporación Alimentaria Peñasanta, Findus Food Service, Florette, Gallina Blanca, Kellogg, Kraft, La Masía, Leche Pascual, Maheso, McCain, Nestlé Professional, Nutrexpa, Pescanova, Sara Lee y Unilever Foodsolutions. ¿O acaso creíamos que el hecho de que sólo exista café Marcilla o Nescafé o zumos Pascual en la mayoría de restaurante de carretera o de hospitales es casualidad?

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