dissabte, 23 de gener del 2016

Leon Strauss

Leon Strauss es uno de los filósofos del odio que han dado cuerpo y argumentación teórica a la ideología filonazi que sustenta el liberalismo económico actual y buena parte de las elites de Occidente, y por extensión del mundo entero, que cada vez acaparan mas poder y dinero para de ese modo encarnar esas clases dirigentes de las que este filosofo hablaba. 
Su filosofía de enfrentamiento y confrontación sistemática alentó a los neocon de la era Busch , los ideólogos de las FAES de Aznar , y a muchos de los que consciente o inconscientemente siguen su ideario de “mundo feliz” de clases y jerarquías estanco, en donde el conductismo se vincula con la teoría de la evolución de las especies y se justifica que el fuerte se imponga sobre el débil.
Sepamos un poco mas de este personaje.

Hijo de Hugo Strauss y de Jenny David, comerciantes, al entrar en el Gymnasium (liceo francés), entró en contacto con los clásicos europeos, terminando por descubrir la obra de Friedrich Nietzsche.
Durante la Primera Guerra Mundial, Strauss trabajó de intérprete en Noruega y su frontera.
Después se fue a estudiar Marburgo, una ciudad universitaria situada a unos veinte kilómetros de Kirchain y centro de la filosofía kantiana. Seguidamente estudió en Hamburgo, donde tuvo como profesor a Ernst Cassirer, bajo cuya dirección elaboró su tesis doctoral Teoría del Conocimiento según el pensamiento de Jacobi que leyó en 1921.
Se marchó después a Friburgo de Brisgovia para ponerse bajo la tutela de Edmund Husserl y de Martin Heidegger, por quien se mostró más interesado sobre todo por su interpretación de Aristóteles y a quien consideró el más relevante pensador del siglo. Durante su estancia en Friburgo se hizo amigo de GadamerKlein y Löwith.
Entre 1925 y 1932 fue asistente en la Universidad de Berlín y formó parte de la Academia para la Ciencia del Judaísmo (en alemán, Akademie des Judenturns), cuyo director era Julius Guttmann.
Escribe un ensayo sobre Spinoza y su crítica de la ciencia de la Biblia (publicado en 1930) y se interesa por la obra de Carl Schmitt, de quien reseñó en 1932 El concepto de lo político. Strauss consigue después una beca de estudios Rockefeller para trabajar en París sobre los filósofos árabes y judíos medievales. Allí conoce a Alexander Kojève y a Alexandre Koyré.
En el año 1932 se casa con Mirjam (Marie) Berenson (o Bernsohn) en París. Nunca tendrían hijos, aunque Mirjam ya tenía uno de un matrimonio anterior. Adoptarían a la sobrina de Strauss, Jenny, huérfana en 1942 de su hermana y de Paul Krau. La pareja deja París para irse a Londres y Cambridge, donde Strauss ocuparía un puesto universitario. Trabajaría sobre los manuscritos de Thomas Hobbes hasta 1937 (durante esta época publicaría La Filosofía política de Hobbes).
En los años siguientes ocuparía varios puestos en distintos Colegios y más tarde daría clases en el New School for Social Research de Nueva York. En 1949obtiene un puesto de profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chicago, después en Stanford en California.
Leo Strauss llegó a los Estados Unidos en 1938 huyendo de la persecución nacionalsocialista. Sus primeros años de exilio le sirvieron para tomar conciencia de la realidad estadounidense y fueron de crucial importancia en el desarrollo de su pensamiento posterior. En 1948 se convierte en profesor por la Universidad de Chicago, puesto que ocuparía hasta 1968. Durante ese periodo su actividad académica fue muy prolífica y publicó varios de sus trabajos más importantes, como Thoughts in Machiavelli.
Leo Strauss falleció el 23 de octubre de 1973. Está enterrado en el cementerio judío de Annapolis.

La filosofía política de Leo Strauss puede explicarse en torno a algunos ejes fundamentales que guiaron su investigación. Uno de ellos es el rechazo abierto y frontal a la manera historicista de estudiar la filosofía, según la cual las ideas están determinadas por el contexto social y político. Para Strauss, dicha posición es insostenible, pues implica sostener que el mismo historicismo es, de por sí, falso (pues está determinado también). Al mismo tiempo, el historicismo impide el verdadero diálogo con los autores del pasado, quienes buscan transmitirnos ideas. Es posible que estén equivocados, dice Strauss, pero para saberlo debemos examinar su argumentación desde la buena fe, es decir, debemos suponer que es posible que tengan razón. El historicismo impide una lectura adecuada de los textos del pasado.
Justamente el arte de la lectura es uno de los aportes de Leo Strauss a la filosofía política contemporánea: en su ensayo The persecution and the art of writing, Strauss expone su particular método de lectura, al distinguir la lectura (y la escritura) esotérica de la exotérica. A lo largo de la historia, y por los motivos más diversos, muchos autores han debido esconder su pensamiento más íntimo tras una fachada convencional. Escriben, por tanto, en dos niveles: gran parte de la actividad investigadora de Strauss estuvo dedicada a descubrir la escritura esotérica en autores como MaquiaveloSpinoza o Maimónides. Por otro lado, Strauss cree que la modernidad se caracteriza por una ruptura muy profunda con el pensamiento clásico, y que es deber del filósofo político preguntarse sobre la validez de las premisas filosóficas y políticas que dieron nacimiento a la modernidad. Por lo mismo, parte importante de sus trabajos constituyen una constante e ininterrumpida interrogación a los textos clásicos de la filosofía griega, judía y musulmana. Otro problema objeto de sus preocupaciones fue el problema teológico-político, es decir, el de las relaciones entre fe y razón. Su influencia es muy vasta hasta el día de hoy pues dejó un gran número de discípulos que se han mantenido activos en la vida pública e intelectual.

https://es.wikipedia.org/wiki/Leo_Strauss 

Leo Strauss fue un filósofo secreto, cuyos pensamientos no se mostraban transparentes a sus lectores y sólo eran accesibles leyendo entre líneas. A pesar de que dedicó su trabajo académico a la interpretación de autores clásicos como Platón o Maquiavelo, en la actualidad está de moda y está siendo tremendamente influyente entre quienes llevan a cabo tareas de dirección en la administración Bush.
Strauss nació en Alemania a finales del siglo XIX, pero su aliento ha llegado hasta el XXI. Es conocido por ser uno de los padres, y el pensador más influyente, de los neoconservadores actuales. No obstante, un libro reciente, (Reading Leo Strauss: politics, philosophy, Judaism) firmado por un profesor de Ciencia política de Yale, Steven B. Smith, le señala como un defensor de la democracia liberal alejado de los preceptos neocon.
No son sólo contradictorias las visiones que nos transmiten acerca de su doctrina, también lo son las informaciones que nos hablan de su carácter. Strauss (1899-1973), quien emigró a EEUU en 1938, enseñando primero en la New School of Social Research de Nueva York y más tarde en la Universidad de Chicago, fue, además de un profesor influyente, un personaje contradictorio, amigo de las formas autoritarias y enemigo de la modernidad hippie, capaz de imponer la música clásica (Mozart) a sus alumnos para evitar que se aficionasen al pop y, dicen, transmisor selectivo de sus enseñanzas, a las que sólo accedían estudiantes afines. 


Huntington, Fukuyama y Wolfowitz, entre sus discípulos

La reputación de Strauss aumentó grandemente en la medida en que alumnos suyos fueron tomando posiciones en el suelo público. Primero en ámbitos académicos, donde la presencia conservadora fue creciendo gracias a Irving Kristol, Norman Podhoretz, Samuel Huntington, Seymour Martin Lipset, o Daniel Bell. Allí también tuvieron éxito ex alumnos y protegidos de Strauss como Francis Fukuyama, Allan Bloom, autor de El cierre de la mente moderna (Plaza y Janés, 1989), Harry Jaffa, Harvey Mansfield y, aunque no se considere ahora dentro de la escuela de Strauss, Robert Kagan.
También es nutrida la lista del sector público, donde, entre otros, aparecen Paul Wolfowitz, el considerado cerebro de la reacción estadounidense tras el 11-S; el Magistrado del Tribunal Supremo Clarence Thomas y el Juez Robert Bork; también los neocon Lewis Libby, y William Bennett; John Ashcroft, el ex Fiscal General; o el editor de National Review William F. Buckley.
Pero su influencia no ha sido sólo directa. El Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC, en las siglas inglesas) dirigido por su ex alumno William Kristol, uno de los grupos neoconservadores de mayor relevancia, por el que han pasado un buen número de funcionarios, y al que pertenecen Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Richard Perle, o Richard Armitage. Es uno de los think-tanks de mayor peso en la política estadounidense.
El uso de la mentira y la manipulación política
Para la profesora canadiense, de la Universidad de Calgary, Shadia B. Drury, las ideas de Strauss han impregnado sobremanera la práctica de la administración Bush. Según afirmó en Leo Strauss and the American Right y en The Political Ideas of Leo Strauss, el filósofo de origen alemán creía firmemente en la eficacia de la manipulación en política. Las mentiras podían ser útiles y debían usarse si servían para que la mayoría, que necesita ser dirigida, siga el camino correcto. También recordaba cómo Strauss recogía la visión de Carl Schmitt de que toda acción política estaba basada en el combate de amigo contra enemigo. 


Pero, sobre todo, negaba que Strauss fuese un defensor a ultranza de la democracia liberal y partidario de la extensión de esa clase de régimen por todo el planeta. Según Drury, los valores defendidos como esenciales por los neoconservadores como la religión (a la que califican como el cemento de la sociedad), el patriotismo o la moral, sólo eran válidos para las masas; no para quienes sabían elevarse por encima de ellas, abrazando así ideas propias de Nietzsche. Strauss creía en el derecho natural, pero el del fuerte a dominar al débil.
El otro Leo Strauss
Para Steven Smith, visiones tales del pensamiento de Strauss nada tienen que ver con las enseñanzas del viejo profesor. Strauss, afirma, nunca fue neoconservador en sentido estricto, no militó en ningún partido político ni fraguó un programa sobre el que pudieran apoyarse esta clase de propuestas políticas. De hecho, desconfiaba respecto de la capacidad de la teoría política para influir en las decisiones de quienes ostentan el poder.
Porque, según Smith, la esencia de la mirada política de Strauss es el escepticismo; en la medida en que no hay certidumbres en el juego de partidos, la arena política se vuelve el lugar ideal para el diálogo y la discusión. Para Strauss, lo que definía a los filósofos era su deseo imperioso de saber. El filósofo era radical y por ello, la política debía ser moderada, dejando los combates más fuertes para el pensamiento.
Antídoto contra las patologías de la política moderna
Para Smith, la cuestión es qué motivos llevaron a tergiversar el legado de un hombre cuyo pensamiento quedaba ligado a otros liberales de derecha como Isaiah Berlin o Raymond Aron. Gentes que, como Strauss, defendieron ideas que se vieron relegadas, durante los años sesenta y setenta, a un segundo plano. Quizá por ello, la reactivación de sus obras en tiempos posteriores estuvieron muy ligadas a una suerte de contrarrevolución: la era del Estado de bienestar, los derechos civiles y el movimiento hippie fue la diana primera y más evidente de discípulos suyos, como Allan Bloom.



Mientras, para la gran mayoría de los autores estadounidenses, Leo Strauss continuará siendo no sólo el padre de los neoconservadores, sino la figura que mejor representa una cosmovisión ligada a la fuerza, el patriotismo, la religión y el liberalismo económico. Hay otras perspectivas, defendidas por profesores cercanos a Strauss, para quienes la mejor aportación del autor nacido en Alemania es recordarnos que la libertad de una mente educada es el mejor antídoto contra las patologías de la moderna política de masas.
Esteban Hernández

Frases de Leo Strauss

El hombre es maleable casi hasta el infinito.
La educación liberal es la liberación de la vulgaridad.
El silencio de un hombre sabio es siempre significativo.Frases de Infinito
La filosofía no consiste esencialmente en poseer la verdad, sino en buscar la verdad.
Toda acción política está encaminada a la conservación o al cambio. Cuando deseamos conservar tratamos de evitar el cambio hacia lo peor; cuando deseamos cambiar, tratamos de actualizar algo mejor. Toda acción política, pues, está dirigida por nuestro pensamiento sobre lo mejor y lo peor.
La educación liberal es el esfuerzo necesario para fundar una aristocracia dentro de la sociedad democrática de masas.

Es imposible el estudio de los fenómenos sociales, sobre todo de los fenómenos sociales más importantes, sin que este estudio lleve consigo juicios de valor.

La filosofía política consiste en el intento de adquirir conocimientos ciertos sobre la esencia de lo político y sobre el buen orden político o el orden político justo.

La filosofía política, en el sentido en que hemos intentado describirla...Hoy está en decadencia o, quizás, en estado de putrefacción, si es que no ha desaparecido por completo.

El historicismo rechaza el planteamiento del tema de la buena sociedad, o sea de la sociedad ideal, como consecuencia del carácter esencialmente histórico de la sociedad y del pensamiento humano.

Cuando esta propensión (a la conservación o al cambio) se hace explícita y el hombre se impone como meta la adquisición del conocimiento del bien en su vida y en la sociedad, entonces surge la filosofía política.

(...) Exige de los hombres la obediencia, la lealtad, la decisión y la valoración. Lo político está sujeto por su misma naturaleza a la aprobación y desaprobación, a la aceptación o la repulsa, a la alabanza o la crítica.



(...) Contemplaban los asuntos públicos desde la misma perspectiva que el ciudadano ilustrado o el político. Y sin embargo, veían con claridad las cosas que los ciudadanos ilustrados y los políticos o no veían en absoluto o veían con dificultad. La razón estaba en que los filósofos, aunque en la misma dirección que los ciudadanos ilustrados y los políticos, iban más lejos, profundizaban más...

[Hoy] La ciencia social positivista es avalorativa y éticamente neutra: es imparcial ante el conflicto entre el bien y el mal, cualquiera sea la forma en que el bien y el mal puedan ser interpretados. Esto significa que el campo común a todos los científicos sociales...Sólo puede ser alcanzado a través de un proceso de liberación de los juicios morales o de un proceso de abstracción absoluta: la ceguera moral es condición indispensable para el conocimiento científico...

La persecución, entonces, da origen a una peculiar técnica de escritura y, con ello, a un peculiar tipo de literatura, en la cual la verdad acerca de todas las cosas fundamentales se presenta exclusivamente entre líneas. Esa literatura no se dirige a todos los lectores, sino sólo a aquellos que son confiables e inteligentes. Tiene todas las ventajas de la comunicación privada sin sufrir su mayor desventaja: llegar sólo a las relaciones del escritor. Disfruta de todas las ventajas de la comunicación pública sin padecer su mayor desventaja: la pena capital para el autor.

http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/leo-strauss_2.html

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