dijous, 31 d’octubre del 2013

LAS HUELLAS DE SAN FRANCISCO



Pocos seres humanos han pisado el suelo de este mundo de la elevación espiritual de San Francisco de Asis, independientemente de la religión de la que hablemos obviamente en el caso de Francisco la cristiana, y más allá de cuestiones dogmáticas ligados a dicha religión, lo cierto es que el poder místico y espiritual de Francesco es de tal calibre y trascendencia universal que es interesante bucear en las huellas materiales de los lugares en donde sus aliento hallo reposo y sus pies hollaron su suelo fisicamente. Tras la elección y entronización del nuevo pontífice ha traído de nuevo a la actualidad la vida de aquel gran santo que fue San Francisco de Asís, “il Poverello”, “el Pobrecillo”, es momento adecuado de rememorar la visita que hiciera un buen día a la península Ibérica. Un hecho muy poco conocido, que habría ocurrido en 1213-1214, cuando el santo de Asís contaba con 31-32 años, por lo que cualquier día de éstos se puede estar produciendo el octavo centenario del exacto momento en el que San Francisco de Asís pisó suelo español, cosa que hizo concretamente en Barcelona, adonde la trajo un navío desde Génova acompañado de algunos de sus primeros acólitos.



El momento es crucial en la península Iberica. El territorio está dividido a partes iguales entre los reinos cristianos del norte y los reinos islámicos del sur; con un imperio africano, el almohade, trabajando por la reconstrucción de la unidad islámica del sur. Además, acaba de producirse un año antes, en 1212, la batalla de las Navas de Tolosa, que pone un punto de inflexión definitivo en la Reconquista con la victoria de la gran coalición de reyes cristianos, Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón frente al poder almohade que amenazaba, no sin buenos argumentos, con devolver el poderío musulmán a los mejores tiempos de Almanzor.

Es la intención del Poverello la de cruzar nuestro país hacia un Marruecos totalmente musulmán, en el que, por cierto, tiene su capital el imperio almohade que aspira a reislamizar España, lugar que estima idóneo para emprender la misión y acaso alcanzar el martirio. No era su primer intento de visitar tierras sarracenas, pues poco antes se había embarcado rumbo a Siria, tierra que no pudo alcanzar por mor de una tormenta que desvió el barco que lo trasladaba hacia la costa dálmata.



Una vez en tierras Ibericas, desde Barcelona dicen las crónicas pone rumbo rapidamente por el camino francés hacia Santiago de Compostela. fue en Santiago, mientras oraba , donde se cuenta que se le reveló que debía extender su Orden por todo el mundo -quod caperet loca per mundum-, y sólo «desde entonces», por lo tanto al regreso, comenzó el Santo a fundar conventos y se dice que San Francisco se detuvo en Rocaforte a la ida, allí dejó a Fr. Bernardo de Quintabal, cuidando a un enfermo, sin intención de fundar convento; pero al regreso la morada interina de Fr. Bernardo en Rocaforte quedó sin más convertida en fundación fija; por lo que bien puede calificarse el eremitorio u oratorio de Rocaforte de monumento histórico-religioso de primer orden en el camino de Santiago, ya que se trata de una de las primeras fundaciones franciscanas, no sólo en España, sino en todo el mundo.


Es preciso no perder de vista esté perspectiva, sin la cual no sería fácil interpretar rectamente las tradiciones fundamentales de que se hacen eco los cronistas. Del convento de Logroño, por ejemplo, nos dice Fr. Francisco de Gonzaga en 1587, que es el primero de cuantos San Francisco fundó en España: «primus eorum omnium quos ipse Pater apud Hispanos erexit», el primero de todos cuantos erigió nuestro Padre en España. Y los cronistas locales, especialmente Fr. Manuel Garay, completan la noticia observando que San Francisco al ir a Santiago, se hospedó en casa del Capitán Medrano, y que éste le ofreció casa y terrenos para fundar, y que el Santo fue primero a Burgos para recabar la licencia oportuna del rey de Castilla y volvió luego a realizar la obra . Es cierto que Burgos estaba un poco lejos para semejantes idas y venidas, y que resultaba inverosímil, y aún algo ridículo, dada la sicología del Santo, que anduviera gestionando reales cédulas para dejar unos pocos frailes sirviendo a Dios al amparo de una leprosería o de una ermita abandonada. En cambio, todo encaja sin tropiezo si recordamos que Burgos es una etapa del camino para quienes peregrinan de Logroño a Sahagún rumbo a Compostela.


Son muchos los milagros según se cuenta que el santo prodiga a su paso por las tierras de España, de los cuales nos da cuenta la crónica escrita por San Buenaventura, la llamada “Leyenda de San Francisco”. En Castrogeriz habría librado un viñedo de una plaga de gusanos, los mismos que habría hecho desaparecer del granero de un sacerdote en algún lugar de la provincia de Palencia, y en Sahagún habría hecho florecer un cerezo muerto. También habría pasado por Burgos, en cuya catedral, una de las figuras presentes en la puerta del claustro alto la identifica la tradición con San Francisco.

En Cantabria existe la tradición, recogida además por el escritor cántabro Amós de Escalante, de que San Francisco habría pernoctado en la Casa-Torre de los Calderón de la Barca en la localidad de Viveda. El edificio sigue en pie, aunque amenaza ruina y la tradición es tan sólida que en la carretera próxima se ha levantado un monumento a San Francisco Peregrino.

En Ayllón, provincia de Guadalajara, es tradición que el convento extramuros situado a orillas del río Aguisejo fue fundado por el propio San Francisco en su periplo español. De Santiago quiere la tradición que se encaminara hacia el sur, haciendo parada y fonda en Huete, en la provincia de Cuenca, de donde, perseguido por los judíos, tiene que huir, refugiándose en San Miguel del Monte, cerca de Alcocer, lugar en el que enferma y en el que, según recoge San Buenaventura, termina su periplo español. Y no precisamente con la entrada en Marruecos, como era la intención original, sino con el retorno a Italia, muy probablemente con la idea de asistir al IV Concilio de Letrán del que esperaba obtener la aprobación de su regla, si bien tampoco existe constancia de que finalmente estuviera presente en él.  



De hecho otras fuentes mencionan que San Francisco habría estado de paso por tierras catalanas cuando se dirigia supuestamente desde Italia hacia tierras norteafricanas, Josep M. Ballarín, Antoni Pladevall y Manuel Palou, en la Gran Enciclopèdia Catalana, indican que  “Francisco visità España a  fines del 1213, (fecha que algunos avanzan al 1211) acompañado de fray Bernardo da Quintavalle, cuando deseaba ir a Marruecos a predicar a los moros; en Barcelona fue atacado per una enfermedad y es tradición que se hospedo en el hospital de sant Nicolau de Barcelona, cerca del mar, donde fue fundada despues la primera casa religiosa franciscana” y añaden que “las tradiciones sobre su estancia y predica en Catalunya són comunes a lo ancho de toda Catalunya y se localizan de ese suceso las capillas y conventos de Perpinyà, Vic, Santpedor, el Lledoner de Cervelló , Sant Joan Despí,  Horta (Barcelona), Cervera, Lleida, etc. ”. Con lo cual la estancia de San Francisco en tierras catalanas habría sido mucho menos fugaz de lo que parecen sugerir muchas crónicas, y de hecho Barcelona el lugar donde se fundaría la primera edificación bajo su supervisión.



Ermita de sant Francisco en el termino municipal de Calldetenes cerca de Vic, y ubicada en medio de un poligono segun parece.



Sant Cebria en La sierra de Collserola (Barcelona), lugar donde vivio San Francisco y donde siglos más tarde hallaría también refugio san Ignacio de Loyola.

Una leyenda nos explica que el rey Jaume I  dono unas tierras a San Francisco en Barcelona, para que  construyese  su primer convento.  sabemos por la historia documentada: que el rey Jaume también  dono tierras a los occitanos que quisieron instalarse en el Principado, después de la derrota de la batalla de  Muret.


Según el libro de Alícia Sánchez y  Maria Pomés, Historia de Barcelona. De los orígenes a la actualidad (Editorial Òptima, Barcelona, 2001) en el capítulo V se explica la llegada de las ordenes mendicantes a Barcelona. Asi, después de exponer que los dominicos  entraron en la capital de la corona de Aragón es decir Barcelona en  el año 1219, las autoras añaden: "Poco después de la llegada de los dominicos, se establecieron en Barcelona los franciscanos, concretamente cerca de la actual plaza del duque de Medinaceli, donde existia un pequeño hospital de pelegrinos: San Nicolau. 
Dice la tradición que el mismo San Francisco de Asís llega un día al puerto de Barcelona y que solo desembarcàr, comienzà a predicar. Su sencillez y  su vestido, mas propio de un pobre que de un clerigo, levantan expectación entre los ciudadanos. San Francisco les profetitzà dos cosas. La primera, que el cuerpo de Santa Eulàlia, que había estado escondido antes de las invasiones sarracenas, seria encontrado; y la segunda, que pronto existiria en Barcelona un gran edificio religióso desde donde se auxiliaria a los pobres y se daría consuelo  a los afligidos. Como el hospital era pequeño y falto de capilla, San Francisco consiguío que le cediesen un patio contiguo para construir una con las limosnas que pudiese conseguir. Poco después, habiendose cumplido la primera de las profecias, la fama del santo comenzo a crécer. Jaume I decidio ofrecerle su protección y le obsequià con un terreno para què pudiese construir un convento y un templo. Toda la ciudad colaboro en la construcción con sus donativos. La nueva construcción fue conocida con el nombre de convento de Framenors o “frailes menores-pequeños frailes" (p. 63-64).  el hecho de que el rey Jaume I le protegíese y le obsequiase  con un terreno, liga a la perfección con lo que la història nos reporta al respecto de  la protección que el monarca catalàn  otorgo a sus súbditos occitanos, expoliados por Francia y el Vaticàno, dándoles a estos  nuevas tierras y posesiones dentro de sus dominios.
 

Según el cronista  Jerónimo Münzer, quien, el 22 de septiembre del 1494 entro en Barcelona, lo cual aprovecho para describir la ciudad y hablar de  su forma de gobierno, de la llotja i de la Casa del Infante Enric.  Escribiendo  acto seguido. "Cerca de esta casa esta el monasterio mayor de la Orden de San Francisco,  junto el mar. En medio hay otro monasterio, pequeño, con un claustro sencillo, refrectorio, celdas y una iglésia reducida, a manera de cripta, que hizo construir Sant Francisco, donde hizo vida rigorosísima durante diversos años, cuando la ciudad era pequeña. La iglesia tiene una sola ventana cuadrada, con rejas de hierro a través de la cual los marineros escuchaban la misa y la predicación del Santo" (p. 15).

Con ello, tenemos ahora una base històrica que nos presenta San Francisco en Barcelona, fundando directamente el convento que lleva  su mismo nombre y predicando a la población y a la marinería. És importante constatar que En Münzer, en lugar de extrañarse por la información que recibía sobre el caso, en ningún momento no dijo que se tratara de rumores o de una leyenda, sino que da a la información un trato de  certeza, hecho que llama  enormemente la atención, mayormente porque proviene de un hombre escrupoloso, culto, que tenía que conocer los detalles aunque fuese de una forma muy generalizada- de la vida del santo y que, como  enviado del Emperador, escribía para un entorno cortesàno, nada necio. Y que si el hubiese sabido que San Francisco había estado siempre en Itàlia, no se le habría ocurrido escribir lo que  escribió, teniendo sobre todo presente que solo hacia dos siglos de la vida del santo. Una vida, que por  su importancia, había transcendido las fronteras y se había convertido en un símbolo de la nueva espiritualidad europea.

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